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   Aunque por sus garras pueda parecer una especie típicamente carnívora su alimentación es vegetal en un 85 %. Los alimentos básicos son las plantas herbáceas en primavera, las bayas y frutos carnosos en verano y las bellotas de roble y los hayucos en otoño e invierno. Los animales más consumidos son las hormigas, las abejas y las carroñas de ungulados silvestres y domésticos.

   El otoño es una estación crítica, pues el éxito reproductor depende de la disponibilidad y calidad del alimento otoñal. El número de oseznos que nazcan en invierno y quizás su supervivencia posterior dependerán de la cantidad de grasa que haya logrado acumular la futura madre durante el otoño. El consumo de frutos secos de alto contenido calórico hace que los osos engorden visiblemente, hasta pesar un 30% más que a finales de la primavera.

   Los osos suelen buscar los frutos en el suelo, pero no dudan en trepar hasta las últimas ramas que son capaces de soportar su peso.
El oso pardo caza presas silvestres sólo de forma ocasional, en situaciones favorables, predan sobre crías de corzos y ciervos o adultos agotados o enfermos.

   En el oso pardo, la regla general durante la estación fría es la hibernación. La escasez de alimento y el frío de los bosques crean un balance energético negativo, y ambos factores parecen desencadenar la hibernación de los osos. Antes de hibernar consumen grandes cantidades de alimentos de elevado valor calórico –ingieren hasta 20.000 calorías diarias-, incrementando su capa de grasa para la hibernación en 15 ó 20 cm de espesor.

   Durante el reposo invernal el oso deja de comer, beber, defecar y orinar, y mantiene las constantes funcionales gracias a la energía proporcionada por las reservas grasas acumuladas durante el otoño, de las que consume una media diaria de 4.000 calorías. También se producen los partos y las osas se despiertan para lamer, alimentar, acicalar y desparasitar a sus crías.

   Viven casi todo el año en solitario o, como mucho una madre con sus hijos. Tanto machos como hembras son polígamos y las uniones de primavera sólo suelen durar pocos días, después el macho se desentiende de su “familia”. En la época de celo, los machos se restriegan contra los troncos de los árboles para impregnarlos de su olor y marcar así su territorio, también dejan marcadas sus uñas y colmillos. Son las propias cópulas las que inducen la ovulación de la hembra y, aunque la fecundación se produzca en primavera, el óvulo fecundado no se implantará hasta el otoño, cuando comenzará la verdadera gestación de tan sólo dos meses de duración.

   En plena hibernación –probablemente en enero– y en la seguridad de la osera, la hembra pare de una a tres crías, excepcionalmente cuatro.
   Las crías pesan al nacer menos de medio kilo y son calvas, ciegas y sin dientes. Nacen en las oseras donde hibernan y, cuando salen al exterior, allá por abril o mayo, ya están perfectamente formadas y cubiertas de pelo y pesan 5 ó 6 kilos. Los oseznos permanecen con la madre al menos hasta la primavera o el verano siguientes, cuando tienen año y medio y pesan unos 40 kilos. Tras ser abandonados por la madre, los hermanos suelen permanecer juntos por lo menos un año más antes de separarse de forma definitiva y comenzar la vida solitaria característica de los adultos.

   Debido a sus hábitos alimenticios el oso necesita para vivir lugares con abundancia de frutos y extensiones amplias de territorio que utiliza de forma estacional. Por eso elige bosques caducifolios, brezales y piornales, pastizales de montaña y cultivos y prados de siega próximos a los pueblos entre otros ambientes.